Mitsubishi Eclipse GSX de segunda generación en color oscuro, vista tres cuartos
Modelos legendarios

Mitsubishi Eclipse GSX: el 4G63 turbo con tracción total que nunca me enamoró

Historia del Mitsubishi Eclipse GSX (2G, 1995-1999): el motor 4G63T de 210 CV, tracción total y potencial de tuning enorme. Un gran coche que, siendo sinceros, no es de mis favoritos. Te cuento por qué.

Por Redacción JDM España 11 de julio de 2026

Voy a ser honesto contigo desde la primera línea, porque en esta web no vendo humo: el Mitsubishi Eclipse me parece un coche estupendo que, personalmente, es de los que menos me tiran de toda la época dorada. Y creo que merece un artículo precisamente por eso. Porque un buen medio JDM no es el que solo habla de sus coches favoritos, sino el que te cuenta la verdad de cada modelo para que decidas tú. Así que aquí va la mía, con sus cifras verificadas y mi opinión bien separada de los hechos.

El coche del 4G63, el mismo del Evo

Empecemos por lo que hace grande al Eclipse, que es mucho. La versión que nos interesa es la GSX de segunda generación (1995-1999): tracción total y, bajo el capó, el legendario 4G63T, un 2.0 turbo DOHC de 16 válvulas con 210 CV y 290 Nm. ¿Te suena ese motor? Debería: es primo hermano del que monta el Lancer Evo. Bloque de hierro, ejes de equilibrado, culata de aluminio y una capacidad de aguante que es leyenda en el mundo del tuning.

Ese es el gran argumento del Eclipse GSX. El 4G63T es uno de los mejores cuatro cilindros turbo que ha hecho Japón, capaz de aguantar de forma fiable más de 300 CV en rueda con modificaciones sencillas. La tracción total con diferencial central le da un agarre que los rivales de tracción delantera de su época ni soñaban. Como base para preparar, pocas cosas mejores por el dinero.

Nació del acuerdo DSM (Diamond Star Motors), la alianza entre Mitsubishi y Chrysler, y por eso tiene hermanos: el Eagle Talon TSi AWD es mecánicamente el mismo coche. Se fabricaba en Estados Unidos, pensado sobre todo para ese mercado.

Por qué es un gran coche (los hechos)

No quiero que mi opinión te nuble los datos, así que separo las cosas. Objetivamente, el Eclipse GSX tiene virtudes de sobra:

  • Motor 4G63T indestructible y con un potencial de preparación descomunal. Es su mayor tesoro.
  • Tracción total que le da una tracción de salida y una confianza en mojado excelentes.
  • Precio de entrada asequible comparado con un Supra o un Skyline, aunque los buenos ejemplares ya están subiendo.
  • Comunidad enorme y muchísima información técnica y de recambios, sobre todo del otro lado del Atlántico.
  • Un icono cultural: el Eclipse de 1995 que conducía Brian O’Conner en la primera película de Fast & Furious lo metió en el imaginario de toda una generación.

Todo eso es verdad y hay que reconocerlo. Si buscas una base turbo con tracción total para preparar y disfrutar sin arruinarte, el GSX tiene muchísimo sentido.

Por qué a mí, personalmente, no me llega (la opinión)

Y ahora mi parte subjetiva, que vale lo que vale: la de un aficionado, no la de una verdad absoluta. El Eclipse GSX pesa alrededor de 1.450 kg, y con esos 210 CV el 0 a 100 se va a unos 7 segundos. No es lento, pero tampoco es la bala que su fama de tuning te hace imaginar en versión de serie. Y ahí está mi pega principal: el GSX es un coche que, de fábrica, siempre me ha parecido que promete más de lo que entrega. Su gracia de verdad aparece cuando lo modificas, no cuando lo compras.

A mí, los JDM que me erizan la piel son los que ya de serie tienen alma: el equilibrio puro del Mazda MX-5, la locura atmosférica de un Honda a 8.000 rpm, la presencia de un Skyline GT-R. El Eclipse, para mí, es más una plataforma excelente que un coche con carácter propio de fábrica. Es fantástico como lienzo. Como cuadro terminado de serie, me deja algo frío. Puro gusto personal, insisto.

Reconozco que muchísima gente lo adora precisamente por eso, porque es un coche para hacerlo tuyo. Y lo respeto totalmente. Simplemente no es el JDM que yo elegiría para mí.

Importar un Eclipse GSX a España: lo que debes mirar

Si a ti sí te llama (y a mucha gente le llama, con razón), las unidades de la 2G ya superan los 25 años y encajan en el proceso de importación desde Japón. Aquí, más que en ningún otro coche de esta lista, la clave es el estado: es un modelo que ha pasado por muchas manos de tuning, algunas buenas y muchas malas.

Consejos concretos:

  • Cuidado con las preparaciones cutres. El 4G63T aguanta mucho, pero un turbo mal montado, mapas caseros o mantenimiento descuidado pueden dejarte un motor tocado. Busca facturas y trabajos hechos por talleres serios.
  • Un GSX de serie y sin tocar es hoy una rareza, y por eso vale más que uno “muy preparado” de dudoso origen. La originalidad, otra vez, manda.
  • Revisa la tracción total: diferencial central, transfer y palieres. Reparar el sistema AWD no es barato.
  • Óxido y estado de la carrocería, como en cualquier japonés de esta edad.
  • Distribución al día, sí o sí. El 4G63 usa correa, y si se rompe con este motor de interferencia, adiós.

Un buen coche que no tiene por qué gustarte a ti (ni a mí)

El Mitsubishi Eclipse GSX es, sin ninguna duda, un gran coche: un motor legendario, tracción total y un potencial que enamora a medio mundo del tuning. Que a mí no me termine de conquistar no le quita ni un ápice de mérito; dice más de mis gustos que de sus virtudes.

Y creo que esa es una idea sana para cualquier aficionado: no todos los JDM tienen que gustarnos por igual, y está bien decirlo en voz alta. El Eclipse tiene su público, enorme y fiel, y si tú formas parte de él, ninguna opinión mía debería frenarte. Los datos están de su lado. El corazón, ya lo pone cada uno.